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El chojin- Rap vs. Racismo + Letra http://youtu.be/6Rgwjl3qf2M

El Chojin – Rap vs Racismo Videoclip HHDirecto.net  http://www.youtube.com/watch?v=n5lBl2K6RcU

0013 Brutalidad policial

0012 CÁMARA TESTIGO: PELEA DE UN POLICÍA CONTRA UN BORRACHO

0011 Pelea de un policía con dos conductores

0010 Policía Da Una Paliza a Chica y a su Padre En Iruña.

0009 Policias no pudieron con un loco

Si el presunto loco, hubiera estado untado de descomida -Mier..-
No lo hubieran tratado, brutalmente.

0008 La Famosa 22 paliza a la policia

0007 Paliza a dos policias

0006 Paliza al esmad

0005 ESMAD ATACA JOVEN EN BOGOTÁ

0004 CONTRAVÍA: “Brutalidad Policial” – Casos Esmad

0003 DE CÓMO EMPEZÓ EL EFECTO DOMINÓ, EN BUSCA DE DEMOCRACIA,
DE LOS ARABES, DE A PIE… (Fines de 2010 a 2011…?)

Tariq Tayyib Mohammed Bouazizi (en árabe: طارق الطيب محمد البوعزيزي), más conocido como Mohammed Bouazizi (Sidi Bouzid, 29 de marzo de 1984 – Ben Arous, 4 de enero de 2011),[1] llamado “padre de la Revolución tunecina” y, posteriormente, de toda la franja norte de África, fue un joven tunecino, vendedor ambulante, que se suicidó quemándose a lo bonzo públicamente en protesta por las condiciones económicas y el trato recibido por la policía. Su inmolación desató la revuelta popular de 2010 y 2011, que provocó la huida del dictador Zine El Abidine Ben Ali.

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TUNEZ. La casa del martir Bouazizi

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“Revolución democrática en el Magreb
El joven mártir que cambió el destino de un país
El suicidio público de un parado prendió la chispa que desató las revueltas

Los agentes de policía de la localidad tunecina de Sidi Bouzid probablemente no habrían confiscado el puesto de frutas y verduras del joven Mohamed Bouazizi si hubiesen intuido las consecuencias de ese pequeño acto. Lo hicieron, sin embargo, y ese gesto desató una grave reacción en cadena que comenzó el 17 de diciembre pasado con Bouazizi prendiéndose fuego públicamente y terminó ayer, tras semanas de protestas, con la huida del país de su presidente durante los últimos 23 años, Zine Abidine Ben Ali.

El joven de 26 años, que se inmoló en un gesto desesperado ante el Ayuntamiento de su pueblo, tenía un diploma universitario en Informática, pero estaba en paro, como el 14% de la población tunecina y la mitad de los jóvenes de los países árabes, según un estudio del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas y la Liga Árabe. Su puesto ambulante era la única fuente de ingresos con la que podía ayudar a subsistir a su familia. La rabia, la ira y la frustración de verlo desaparecer ante sus ojos le empujó a un martirio público con un resultado sin precedentes en Túnez.

Pocas veces en la historia el sacrificio de un joven pobre y desconocido ha terminado con un Gobierno y un líder autócrata instalado en el poder durante más de dos décadas. La historia de Bouazizi, atormentado por la imposibilidad de encontrar un trabajo mientras el precio de los alimentos continúa al alza, no es un hecho aislado. El 40% de la población de los países árabes, es decir, más de 140 millones de personas, está por debajo del índice de la pobreza. Y lo que es peor, el dato no ha mejorado en los últimos 20 años.

Sidi Bouzid, en el centro del país, es un pueblo alejado del circuito turístico de playas y hoteles que ofrecen los touroperadores europeos. Su nombre será recordado, no obstante, por ser el lugar donde comenzaron las protestas que derivaron en disturbios generalizados, llegaron a la capital y revolucionaron el país.

Bouazizi falleció en el hospital el 5 de enero. No consiguió recuperarse de las quemaduras que él mismo se provocó. Pero ya era un héroe nacional antes de morir. El informático en paro se convirtió en un símbolo entre los jóvenes y comerciantes tunecinos, que comenzaron las manifestaciones para reclamar trabajo, justicia y libertad.

Su muerte no ha sido la única en el país norteafricano en las últimas semanas, pero la épica escena que protagonizó este vendedor ambulante quedará en el imaginario tunecino como el desencadenante del fin del presidente Ben Ali. Y el comienzo de una nueva época que Túnez recibe con euforia.”

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Mohammed Bouazizi, el tunecino cuya inmolación desató la oleada de revueltas árabes, murió como Zapata Tamayo: a ninguno le quedaba otra alternativa.

Mohammed Bouazizi, el joven que prendió la mecha de la Revolución Tunecina.

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0002 -15/04/2011 Tomado del blog Kurioso

La niña que ridiculizó al Apartheid.

Nacida de padres blancos, ultraconservadores y prosélitos del Apartheid, Sandra Laing heredó por la gracia de Mendel y de unos lejanos antepasados, la piel negra de una raza por siempre agraviada. El pigmento silente de un ancestro desconocido había despertado en el peor sitio y momento. Sandra nació negra, pero la ofuscación y presión familiar la convirtieron en una blanca ‘postiza’ hasta que la mentira reventó. Esta es la fantástica y ridícula historia de la búsqueda de una identidad perdida dentro de un régimen tan absurdo como irracional.

Sandra Laing posa junto a sus padres Abraham y Sannie. Fuente

Sandra Laing tiene ahora más de 50 años. En el gesto recio de su retrato se adivina un pasado difícil. Medio siglo luchando por encontrar un hueco en la misma sociedad que por la mañana, en el seno de una familia de fieles ‘afrikaners‘, le daba de comer; mientras que por la tarde, con el carné de su piel por toda documentación, le impedía circular libremente por la calle. Una infancia con dos identidades de derechos opuestos que minaron su confianza en el sistema y ridiculizaron las bases ideológicas del oscuro régimen.

“Mi padre siempre me decía que era blanca. Él pensaba en mí como ‘su niña blanca’ “. Sandra Laing

Sandra nació en 1955 en Piet Retief, epicentro del integrismo ‘negrero’ y afortunado paraje de bosques perennes y minas doradas. Cuentan las fuentes familiares que la cara de sus padres al recibirla en este mundo fue épica. Dos árboles genealógicos más blancos que el pulido marfil africano ahijaban, por la gracia de su Dios blanco, el castigo de una niña ‘manchada’ de piel pero con sangre de su misma sangre. Paradójicamente el mismo ‘principio de segregación’ que profesaban en comunión con la doctrina ‘afrikaner’ es el que determinó el color de la piel de su discípula:

Segunda Ley de Mendel o Principio de la segregación “ […] Ciertos individuos son capaces de transmitir un carácter aunque en ellos no se manifieste”.

Sus progenitores (Abraham y Sannie) defendían a muerte la pureza de sus ancestros; catalogación muy común, por entonces, para atestiguar ‘alto pedigree’ y el abolengo de los pulcros linajes afines al movimiento. Pero un gen recesivo de alguna generación muy lejana y descatalogada -seguro por vergüenza- pasó a manifestarse como ‘dalla justiciera’ en manos del inocente. Los ojos mostraban una certeza que la razón anulaba por deshonra de la impureza de su casta. Una prueba de ADN posterior confirmó la paternidad de Abraham y Sannie. En 1967 el gobierno sudafricano, a instancias del padre de Sandra, aprobó una ley que declaraba ‘blancos’ en derecho a todos los hijos de padres blancos. Sandra Laing blanca y la incoherencia al servicio del racismo.

Sandra Laing con su hermano y su madre y en el colegio de blancos ‘Deborah Retief‘.

Los primeros años de la infancia de Sandra fueron tan blancos como el expediente de sus progenitores en el ritual burgués ultraconservador. Colegio y costumbres de blancos salpicados con adoctrinamiento antisubversivo en la Iglesia Reformista Holandesa. El color de la piel y los rizos del pelo eran obviados con disimulo ignorante por su progenitor, no así por los extraños. Siempre que podía, su madre la apartaba del sol para impedir remarcar su pigmento natural mientras peinaba sus rizos diariamente con potingues oleosos en una lucha alisadora imposible. Sandra no entendía nada. Más adelante su padre abusaría de las cremas despigmentantes que abrasarían varias veces la cara de Sandra.

Después de 5 años en la ortodoxa escuela infantil Deborah Retief y tras la marginación ejercida por toda la comunidad infantil al grito de “cafre” o “negra sucia” fue expulsada, con 10 años, por la dirección, que informó convenientemente a las autoridades. Dos policías la escoltaron, entre lágrimas, a su casa. Sólo el test de ADN y la potestad de su padre al frente del Partido Nacional-racista salvaron a Sandra de una segura deportación al ‘gueto negro’ de la ciudad, abandonando el domicilio familiar.

Pero la niña fue rechazada por la iglesia tradicionalista y repudiada por todo su comunidad. No podía relacionarse con ningún blanco y hasta nueve colegios negaron su nueva escolarización. El padre apeló a la recalificación de 1967 pero la ley fabricada por él mismo no cambiaba el color de su piel para evitar los prejuicios ajenos.

PIEL Trailer

Trailer de la película Skin, de Anthony Fabian.

Sandra empezó a frecuentar entonces amistades de color. A los 16 años se fugó a Swazilandia con un frutero zulú llamado Petrus Zwane con el que más tarde se casó y tuvo dos hijos. Su padre no se lo perdonó nunca por traicionar los ‘ambiguos’ principios que le había inculcado. Le retiró el saludo, acusó a su marido de secuestro y prometío recibirla con disparos, primero a ella y luego a Petrus si pisaban de nuevo sus tierras. Murió antes de volver a hablar con ella.

A la vuelta a su tierra natal, Sandra tuvo que asentarse en el gueto, sin agua ni electricidad y sometidos a la dureza del Apartheid. Le retiraron la custodia de sus propios hijos por la misma ley que modeló su padre y que impedía la convivencia de dos razas bajo un mismo techo: ella era todavía legalmente blanca. Sobrevivió hasta la caída del Apartheid en 1990 y a otro matrimonio, para, después de 30 años, volver a ver a su madre y reconciliarse.

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0001 -08/04/2011 Tomado del blog Kurioso

Una foto para la historia. Cuando los desafíos de una minoría cambiaban los derechos civiles de la mayoría
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Lunes 1 de febrero de 1960. Carolina del Norte. EEUU. Cuando las castas se construían por el color de la piel y los derechos de los afroamericanos todavía se equiparaban a los de los animales; cuatro estudiantes negros del liceo agrícola de la ciudad se amotinaron contra su destino. Entraron en una cafetería en Greensboro y se sentaron en la barra. Un gesto absolutamente prohibido a los de piel oscura, obligados a consumir de pie. La acción supuso un punto de partida en la restructuración final de los derechos civiles de todo el país.

Ketchup, azúcar, cristales… Los desafiantes frente a las agresiones racistas. ‘Sentada’ de 1963

El dueño del establecimiento se negó entonces a servir a “los cuatro de Greensboro” sus consumiciones, alegando el derecho de segregación vigente en el restaurante franquiciado de la conocida cadena Woolworth. Los estudiantes no reaccionaron de ninguna forma a la negativa y permanecieron impávidos en sus ‘taburetes para blancos’ hasta que una camarera de raza negra les espetó:

“Se están comportando como ignorantes. ¡Marchense!”

Joseph McNeil, Franklin McCain, Ezell Blair, Jr. y David Richmond ni se inmutaron con el grito de su semejante e hicieron la estatua hasta que el local echó el cierre una hora más tarde. Fue entonces cuando se levantaron con el sigilo de la caída del sol y abandonaron el restaurante por la puerta de servicio. No sin antes romper la tensión de aquel silencio:

“Volveremos mañana con toda la universidad”

La amenaza se cumplió. Al día siguiente se presentaron 25 afroamericanos en la ‘barra para blancos’ de la cafetería, tomaron asiento y pidieron sus consumiciones. Misma respuesta, mayor miedo. A la puerta del local un tumulto de estudiantes, curiosos y periodistas esperaban ya el inicio de otra gran revuelta. Pero no hubo batalla. Los estudiantes sacaron sus libros y apuntes y empezaron a trabajar en el mismo mostrador que les negaba el servicio. Los dueños no reaccionaron. Hubo más tensión que silencios.

Al día siguiente fueron ya 80 los alumnos que se unieron a la protesta. Con la novedad de la adhesión a la causa de cuatro estudiantes blancas de la misma universidad. En pocos días el gesto se contagió, boca a boca, sin twitter ni redes sociales por nueve estados del sur de los Estados Unidos. 15 ciudades boicotearon a la cadena Woolworth. La imagen y las pérdidas ocasionadas por los acontecimientos obligaron a la franquicia a suspender su reglamento segregacionista en muchos centros. Eso solo fue el principio.

Pero no siempre fue así. Quizás la imagen más significativa de las revueltas de la cadena Woolworth se produjo tres años más tarde. Mismas circunstancias, distinto resultado. El 28 de mayo de 1963, en Jackson; Mississippi, un grupo de estudiantes realizaba una de las cientos de sentadas protesta que contra la misma cadena circulaban ya por todo el país. La diferencia es que, en esta, el departamento de policía local pertenecía al lobby segregacionista e hicieron la vista gorda a las violentas reacciones del respetable. En la imagen se ve a cuatro estudiantes -tres blancos y solo uno de color- siendo humillados y vejados por la facción racista con azúcar, ketchup, sal e incluso trozos de vidrio. Al fondo, agentes del FBI con gafas de sol oscuras, observan permisivos la reacción de los acosados para intervenir solo en caso de réplica.

Los ’4 de Greensboro’ en la primera sentada de 1960, y el lugar tal como se conserva hoy en su homenaje.

La foto dio la vuelta al mundo y ha sido incluida en decenas de manuales de historia y pro derechos civiles. Tres años de movimiento “Sit-in” fueron necesarios para obligar al entonces presidente Lyndon Johnson a modificar la constitución para abolir la discriminación racial.

Y todo comenzó por el pequeño desafío de cuatro hombres.”

Fuentes:

o Wikipedia
o crmvet.org
o Descargadelaira.com
o Hunterbear
o elmalpensante
o americanhistory

Kurioso: Si te ha gustado esta entrada, no deberías perderte:

-La niña que ridiculizó al Apartheid.

-La zorra de Buchenwald y su colección de tatuajes.

-Valentina. La niña que dormía entre los muertos.

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