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“Uribe cruzó la raya

Por: Julio César Londoño

No aguantó más. Un año entero estuvo tragando grueso y hablando en abstracto contra “el gobierno”, hasta que se desahogó en concreto y de la peor manera.

Las declaraciones de Uribe esta semana, afirmando que el gobierno está haciendo shows con las denuncias sobre corrupción, y que “ojalá esas denuncias no se le conviertan en falsos positivos”, sorprendieron a todo el mundo. Nadie esperaba una declaración tan agresiva y directa. “Si el Gobierno respeta los fallos de la justicia, mucho más debe hacerlo un ciudadano como el expresidente”, dijo Rodrigo Pardo. Enrique Serrano, el mesurado analista de derecha, reconoció que “el uribismo vive su peor momento”. Ni siquiera el conservatismo respaldó a Uribe: “La justicia colombiana viene operando y está bien articulada”, dijo el senador lentejo Jorge Hernando Pedraza. Roy Barreras trató de perfumar con humor el flato: “A nadie le gusta que le pateen los huevitos”. Más zorro que el zorro, el presidente se refugió en un mantra: no peleo, no peleo, no peleo…

Es verdad que Santos no ha tenido ninguna consideración con su expatrón y que vive poniéndolo en evidencia: no se despeina ni usa palabrotas, visita las cortes, abraza a Chávez, a Petro, a los verdes, a Lucho, a Vargas, a Juan Camilo, emprende cruzadas por las víctimas del conflicto, destapa ollas pútridas y rancias, “desfarquiza” la agenda… Sí, son actos provocadores pero sensatos, necesarios, y en todos ellos Santos ha guardado las formas. Nunca ha dicho, por ejemplo, “el expresidente está paramilitarizando el debate”, ni “vamos a destapar las ubérrimas ollas de la corrupción”.

Como chiste negrísimo, el tiro de Uribe es certero. Armar un juego de palabras hirvientes y verterlo exactamente sobre la llaga de Santos, fue una tentación que no pudo resistir. Pero como declaración es torpe. Sugerir que los repagos al Fosyga, el desgreño en Estupefacientes y el megaatraco de la DIAN son “falsos positivos” y que los juicios contra los funcionarios de su administración obedecen a una conspiración de las cortes, es algo que vacila entre el delirio, el cinismo y la estupidez.

Es verdad que Santos era ministro de Defensa cuando ocurrieron los falsos positivos, y que tarde o temprano tendrá que responder por la cuota de responsabilidad que le cabe en esa infamia, pero también es cierto que Uribe era entonces el número uno de las Fuerzas Armadas.

No es menos cierto que en ese momento las declaraciones de Santos fueron correctas; estereotipadas pero correctas: consternación… investigación exhaustiva… dolor… Mientras que Uribe se limitó a escupir sobre las tumbas de los inocentes con una mezcla imperdonable de grosería e insensibilidad: “Y ¿qué andaban haciendo esos muchachos en el monte? ¡No me digan que andaban cogiendo café!”.

¿Cómo hará un señor tan inteligente para expeler declaraciones tan estúpidas? Recuerdo que cuando se destapó el escándalo de la parapolítica, el suceso más nefasto de nuestra historia, el primer mensaje de Uribe a su bancada fue: “¡Aprueben rápido los proyectos antes de que los metan a la cárcel!”. Increíble. Ni Turbay en sus peores días habría dicho algo así.

Uno quisiera olvidarse de la pesadilla de Uribe pero el hombre es tozudo, mete ruido, distorsiona, confunde, polariza, le consigue asilo a los delincuentes, torpedea proyectos nobles. Uno quisiera superar la pugnacidad y concentrarse en la reconstrucción del país, escribir sobre educación, filosofía política, historia, repensarlo todo, celebrar ideas felices, consignar grandes logros sociales… Por desgracia, hay que volver sobre el asunto de marras porque la verdadera culebra está viva. Sus todavía altos índices de popularidad así lo demuestran.”

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“a simonía

Por Antonio Caballero

La compra del poder es más peligrosa para la institucionalidad del país que un simple robo al erario, como esos de que se acusa a tantos contratistas.

Dice el expresidente Álvaro Uribe: “El exministro Andrés Felipe Arias no se ha robado un peso”.

No sé si sea un exceso seguir escribiendo columnas sobre Uribe a estas alturas, viéndolo loco de remate agarrado a ese Twitter en el cual, según asegura su evangelista José Obdulio Gaviria, es posible decir en unos pocos caracteres cosas tan profundas como las reveladas por los evangelistas originales. “Mi paz os dejo, mi paz os doy”: cosas por el estilo. Pero no, no es un exceso: el exceso es Uribe, que al cabo de ocho años de poder no ha conseguido entender que ya no tiene ninguno.

Dijo uno de estos días, rabioso: “A mí no me eligieron para ser expresidente”. Creía, en su delirio, que lo habían elegido para que fuera presidente toda la vida, y por eso compró con toda naturalidad su primera reelección e iba tan campante para la segunda. Y hoy no puede consolarse cuando ve que él es el único de todos los colombianos que no puede ser elegido presidente por sentencia de la Corte Constitucional. Todos podemos: yo, tú, nosotros, vosotros, ellos. Él no. Y trina de la rabia.

Dice ahora, pues, que su antiguo ministro Arias no se ha robado ni un peso. Puede ser. Pero no es de eso de lo que se le acusa. Se le acusa de haber beneficiado a través del programa Agro Ingreso Seguro de su ministerio a varios terratenientes que a su turno lo beneficiaron a él con contribuciones para su campaña presidencial. Dice su acusadora, la fiscal Viviane Morales:

“Todo permite inferir que (Arias) utilizó el programa AIS como plataforma política para su campaña presidencial”.

La defensa que le hace su antiguo jefe Uribe es la habitual en él: consiste en contestar lo que no se le pregunta y en negar algo distinto de lo que se le imputa. Hace un mes, ante la Comisión de Acusaciones del Congreso, manoteaba indignado negando que fuera un asesino cuando lo que le reclamaban era que hubiera mandado espiar ilegalmente por el DAS los teléfonos de sus malquerientes. Y ahora, cuando el actual gobierno emprende investigaciones sobre la corrupción heredada, se sale también por la tangente hablando de “falsos positivos”, como si no recordara -se lo recuerda Osuna en una caricatura- que los originales “falsos positivos” con sus cientos de muertos ocurrieron bajo su gobierno, y que estos que él señala ahora, los de la corrupción, no son falsos sino verdaderos: están ahí, son hechos probados. Y ahora, Arias.

Como escribí aquí hace ocho días, Arias es solo el síntoma de una enfermedad grave, que es la manera uribista de hacer política. Lo que intentó hacer Arias a través de AIS fue comprar el poder con recursos desviados del Estado. Exactamente como su modelo Uribe había comprado su reelección con notarías ofrecidas por sus ministros. La compra del poder es más peligrosa para la institucionalidad del país que un simple robo al erario, como esos de que se acusa a tantos contratistas, para comprar un avión privado o un apartamento con piscina en Dubái. Es también corrupción: pero corrupción con consecuencias políticas. Es simonía: ese pecado nefando que cometió Simón el Mago cuando quiso comprarles a los apóstoles de Cristo el poder de hacer milagros.

Como puede verse, no se trata de un pecado nuevo. El único perfeccionamiento que se le puede atribuir a Arias es que, a diferencia de Simón el Mago, quiso pagar la cuenta con plata que no era suya.”                                                                             

“ASÍ SE ADMINISTRA NUESTRA SALUD


El Monstruo de Saludcoop
 
Mientras los gobiernos de Alvaro Uribe y Juan Manuel Santos expiden decretos para ayudar al NEGOCIO de la salud en Colombia,  el deficiente servicio que reciben los usuarios va en aumento.

De las 100 empresas más grandes de Colombia, cinco son del pèsimo servicio de salud.
 
La más grande de ellas se llama Saludcoop y ocupa uno de los primeros lugares en el ranking de las mayores empresas del país. Saludcoop nació en 1994 con 2.500 millones de pesos de capital y hoy cuenta con un patrimonio de 439.391 millones de pesos. Lo cual quiere decir que en estos 16 años ha multiplicado 176 veces su fortuna.

Saludcoop no ha parado de crecer, incluso devorando a sus competidores. Hace un tiempo compró otras dos EPS llamadas Cafesalud y Cruz Blanca.

Tiene su propia red de clínicas, unidades de imágenes diagnósticas, laboratorios clínicos, ópticas y una empresa especializada en el suministro de medicamentos y productos hospitalarios.

Para asegurarse de que la plata sólo salga de un bolsillo para entrar en el otro, Saludcoop es dueña de Work & Fashion, que produce confecciones hospitalarias. Los pacientes y los visitantes de sus clínicas consumen los alimentos preparados por su compañía Health Food. El mantenimiento de sus equipos lo encarga a Bio Rescate, otra empresa de su grupo. La ropa hospitalaria es lavada por Impecable, su lavandería de sábanas y prendas. Las medicinas se las compran a sus empresas Epsifarma, y/o  Pharma 100 S. A., ambas de ellos mismos.

Pero ahí no para el negocio. Sus propios trabajadores dejan un porcentaje en las arcas de Saludcoop por el honor de trabajar allí: Serviactiva, su cooperativa, le suministra el personal de servicios generales. Quienes laboran en servicios médicos son contratados por Cuidados Profesionales, otra empresa del grupo.  Los vigilantes vienen de su empresa Orientación y Seguridad Ltda., las auditorías de calidad las hace Audieps y si un usuario tiene algún reclamo para hacer, será atendido por el amable Call Center de ellos mismos llamado Contact Service.
Continuamos.. Si a alguien se le da por demandar a esta empresa de salud la batería de abogados de Saludcoop se llama Jurisalud.

Y para cumplir con la ley que establece que las cooperativas deben destinar parte de sus ingresos a la educación, Saludcoop es dueño del Colegio Los Pinos de Bogotá.

Las ventas de Saludcoop en el año 2008 se acercaron a tres billones de pesos. Su utilidad operacional aumentó un 184 por ciento en relación con el año anterior.

Parece un chiste pero es una gran verdad, estas son las empresas en Colombia a las cuales el gobierno les condona multas, ignora o desvìa investigaciones, decreta Emergencias

Y POR ÙLTIMO ADIVINEN QUIÈN ES UNA DE LAS  MAYORES ACCIONISTAS. ……… .PUES LA ESPOSA DEL PRESIDENTE URIBE!!!!!!! !!!!!!!!! !!! TAN RARO NO?????????? ?? DOÑA LINA DE URIBE

Por  favor reenviar este email a sus contactos. El pueblo colombiano debe saber esto y quitarse la venda de los ojos lo antes posible.

¡QUÈ CORRUPCIÒN!”

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“Uribe en campaña

de autodefensa

Por: María Elvira Samper

LO QUE FALTABA. EL EXPRESIDENTE Uribe en el papel de víctima, de perseguido político

Que el gobierno Santos, para lucirse y adelantar su política contra la corrupción, lo quiere graduar de corrupto, que él siempre ha puesto la cara, que ha servido con transparencia al país… Esta vez echó el mismo monocorde discurso de siempre en el periódico La Tarde de Pereira. El capítulo tres de una campaña de autodefensa y de defensa de los exfuncionarios de su gobierno comprometidos en toda suerte de escándalos, que empezó en diciembre del año pasado. El 2 de diciembre para mayor exactitud.

Ese día, en una extensa entrevista con su exvicepresidente Francisco Santos —recién estrenado como director de La radio de la mañana de RCN—, Uribe dijo que existía un ánimo de maltratar a su gobierno al que le hacían el juego la Corte Suprema, la Procuraduría y la Fiscalía. El segundo capítulo fue hace pocos días en la W, donde defendió a los exministros Palacio y Gallego, cuestionados por los recobros del Fosyga y los contratos del Grupo Nule.

Para Uribe, su gobierno fue todo buena fe, todo transparencia, pero que yo recuerde no hay uno que haya estado implicado en tantos escándalos como el suyo. Un breve recuento para refrescar la memoria: el DAS del “buen muchacho” Jorge Noguera, al servicio de Jorge 40; la parapolítica, que comprometió a cerca de 60 aliados del Gobierno y agudizó el enfrentamiento con la Corte Suprema; la yidispolítica o el intercambio de votos por notarías para cambiar la Constitución y hacer posible la reelección; las ‘chuzadas’ y los seguimientos del DAS a magistrados, periodistas y opositores; las misteriosas reuniones de Job, hombre de Don Berna, y el abogado de éste en la Casa de Nariño con el secretario jurídico Edmundo del Castillo, también vinculado con el clan Nule; la reacción tardía frente a DMG, la pirámide de David Murcia, quien contribuyó con el referendo reeleccionista, plagado de irregularidades; las ejecuciones extrajudiciales, macabra estrategia para mostrar resultados en la lucha contra la guerrilla; el colapso de la salud y los recobros del Fosyga; irregularidades en la adjudicación de subsidios de Agro Ingreso Seguro y en la entrega de tierras por parte del Incoder; irregularidades en la DIAN, Findeter, Inco, Invías y Fondelibertad; las piñatas en la Dirección de Estupefacientes y en Ingeominas. En fin… Pero ni el expresidente reconoce responsabilidad por los altos funcionarios que nombró y que están comprometidos en los escándalos, ni éstos por lo que ocurrió en sus narices. Un gobierno de Pilatos.

El gobierno Santos no está graduando de corrupto al gobierno Uribe, lo están haciendo sus propios altos exfuncionarios, y con “honores”. No es persecución política, como pretende mostrarlo Uribe, que sí sabe de eso y fue el principal beneficiario del espionaje del DAS. Es corrupción, conductas ilegales de funcionarios de su administración que los órganos judiciales y de control han investigado y están sancionando. Tratar de convertir asuntos de índole penal en un debate político no le está funcionando. ¿Qué pretendía? ¿El silencio de un gobierno que cada día se distancia más del suyo? ¿Qué los ministros Vargas, Restrepo, Rodado, Cardona y Santamaría dejaran fermentando las ollas podridas que han descubierto?

El círculo se cierra y el expresidente se nota acorralado. Está perdiendo capital político —ni siquiera pudo imponer candidatos en su propia plaza— y aunque aún tiene fácil acceso a los medios y sabe desviar la atención cuando le tocan un tema que le incomoda o le molesta, su capacidad de manipulación ya no es la misma. Ya no es el presidente. Lo que está haciendo el gobierno Santos es dejar que la justicia actúe. Es la forma institucional de soltar amarras con su antecesor.”

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“Date: Tue, 31 May 2011 04:53:56 +0100
From: hectorarango2003@yahoo.es
Subject: URIBE: ¿Por qué no te callas?
To:

 

Por: Héctor Abad Faciolince

¿Por qué no te callas?

SI EL EX PRESIDENTE URIBE pensara y escribiera bien podría dedicarse, como Lleras Camargo, Lleras Restrepo o López Michelsen, a opinar en los periódicos, o a escribir sus memorias. Pero Uribe no es un hombre de pensamiento, sino un hombre de acción.

Si el ex presidente Uribe amara la música, la poesía o la literatura, podría encontrar un puesto en alguna fundación de apoyo a la cultura, como Belisario, o si amara las artes plásticas, podría coleccionar buena pintura, como César Gaviria. Pero al ex presidente Uribe no lo conmueve la novela, no le interesa el arte, y la poesía que le gusta es la de Robledo Ortiz.

 Si le gustara el trago, podría consolarse, como Valencia, con unos aguardientes, pero el ex presidente es abstemio.

 Si fuera el ex presidente, al menos, un mujeriego, podría anular su matrimonio, como hizo Turbay, e irse de Embajador al Vaticano con una nueva esposa bien joven, que le hiciera masajes en los pies. Pero al ex presidente no le interesa la lujuria.

 Si le interesara la filología podría escribir un diccionario, como aquel otro Uribe, Uribe Uribe, o traducir la Eneida, como Caro. Si le gustara la comida, si tuviera sentido del humor, podría al menos dedicarse a comer, y a contar chistes, como Samper. Pero se sabe que Uribe ni siquiera entiende los chistes.

 Si tuviera buenos amigos, podría viajar contento por cientos de países, en compañía de otros jubilados jóvenes, como Pastrana. Pero él no tiene amigos, sino aliados, que más que amarlo le temen.

Entonces, como el ex presidente Uribe sólo tiene el vicio incurable del poder, la adicción al mando, la costumbre irrefrenable de llevar siempre las riendas, las espuelas y la fusta, entonces ahí lo tendremos, vociferando en Twitter, enviando comunicados de muy dudosa lógica jurídica o política, rojo de indignación, verde de rabia, enfermo de ira, regañando a los columnistas, insultando a los jueces, manoteando contra los traidores, aconsejando exilios a sus ex funcionarios (no para protegerlos sino para que al fin, en la desesperación de los interrogatorios, no acabe por zafárseles la verdad).

 Porque la verdad monda y lironda es que el DAS dependía y depende de la Presidencia de la República. Y los del DAS pusieron micrófonos en la sala de la Corte Suprema, para oír ilegalmente sus deliberaciones.

 Si el FBI o la CIA hubieran hecho esto en Estados Unidos, las consecuencias para el gobierno que hubiera instigado semejante insulto se oirían durante siglos. No es posible chuzar a la Corte Suprema y luego pretender que la Corte Suprema se cruce de brazos. Porque ordenarles a los servicios de inteligencia chuzar a los altos magistrados y a los principales periodistas y opositores políticos del país es un delito más grave, muchísimo más grave que el escándalo de Watergate.

¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre la pared de la verdad y la espada del miedo.

 Uribe y sus aliados son poderosos, pero hoy son los huérfanos y las viudas del poder. Nosotros, los periodistas, podemos convertirnos en los altavoces, en los amplificadores de sus rabietas y diatribas, o simplemente dejarlo que grite y vocifere a solas en su Blackberry.

 Tenemos la tentación de seguir en ese ambiente crispado, lleno de rabia y adrenalina al que nos acostumbró su gobierno. Pero lo más sensato sería hundir el botón de “mute” cuando estos cruzados del odio vociferan, } e insultan. Ya pasamos esa página, ese trago amargo.

 No le demos más prensa ni le prestemos más atención a tanta rabia. Bajémosle la fiebre a todo esto hundiendo ese pedal que en el piano se llama sordina. Que grite solo, como Chávez. Y preguntémonos en silencio, simplemente, de cuando en cuando, por qué no se callará. Porque eso sería lo mejor para todos: que se callara.” 

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