Los $3,5 billones para Coltel: Telefónica los pide para hacer lo mismo que ofreció hacer hace cinco años 

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre Coltel y Telefónica, Comisiones Cuartas conjuntas, 23 de noviembre de 2011.

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Una huelga patriótica paró a César Gaviria cuando intentó privatizar a Telecom. Después, en forma calculada, los gobiernos se lanzaron a destruirla. Los españoles incumplieron todos los compromisos. Los planes fracasaron ¿por imprevistos o por manejos oscuros? Se crearía un poderoso duopolio Movistar-Comcel, en desmedro de ETB y UNE-EPM. Según Aciem, Colombia va a terminar pagando dos veces por lo mismo. Dos casos muy graves de puerta giratoria gobierno-Telefónica. 

Como se sabe, el Polo Democrático Alternativo no tiene voceros en estas comisiones, pero por supuesto es un tema que nos interesa. Estamos hablando de una capitalización del orden de 3,5 billones de pesos, suma que tendría que poner el Estado colombiano, y de que las cuentas fallaron por lo menos en medio billón de pesos al año en números redondos. Este es un tema que el Polo Democrático Alternativo se propone mirar con todo el interés, aun sin el tiempo que le pueden dedicar los miembros de esta Comisión. 

Personalmente vengo estudiando el caso de Telecom por allá desde los años 90. Son muchos los artículos que he escrito y las conferencias que he dictado. Adelanté además un debate largo en la Plenaria del Senado cuando la privatización. Voy entonces a hacer una primera aproximación al tema y a exponer cuáles son nuestras preocupaciones. Decir primero que este es un debate de veinte años, por lo menos. Privatizar es muy bueno, dijeron unos, y otros dijimos que el asunto no era como lo estaban pintando. Pues llevamos dos décadas en la misma discusión y hoy estamos descubriendo un lío de proporciones descomunales en una cadena de acontecimientos que no deberían haber sucedido. 

La patriótica huelga en Telecom 

Vale la pena mencionar el proceso. Al momento en que arranca, en los años noventa, cuando llega César Gaviria Trujillo a la Presidencia de la República, Telecom era una gran empresa, con niveles tecnológicos buenísimos y excelentes niveles de cubrimiento, una empresa que nos enorgullecía a los colombianos y que le transfería al gobierno central sumas inmensas. Colombia era un país que manejaba tarifas de telefonía local de las más bajas del mundo. Les estoy haciendo un recorderis, porque probablemente muchos aquí no se acuerden de cuál es el origen de la controversia. Telecom era una gran empresa y un mal día, el presidente Gaviria decide ponerla en venta con un aviso en la prensa internacional. No la saca a vender por mala, sino por buena, porque, repito, la empresa era excelente. Los trabajadores, en una decisión patriótica y valerosísima, se fueron a un paro histórico. Quedó el país incomunicado unos cuantos días con el exterior, en una actitud del sindicato de Telecom que vale la pena resaltar. Ahí paró el primer intento de privatización. 

Viene después una etapa terrible en la historia de Telecom por el propósito absolutamente descarado y absolutamente calculado por destruirla desde arriba. Los gobiernos la maltrataron en el negocio de la telefonía celular, le impusieron competidores mediante contratos leoninos y la lesionaron con los joint venture, como lo demostré en un artículo de varias páginas. En fin, le causaron daños brutales, de tal magnitud que dejaron las finanzas en una situación de deterioro absolutamente calculada. Y paralelamente, en el capítulo de comunicaciones del TLC se les dio otro duro golpe a ETB y EPM-UNE, las otras empresas de telefonía local, hoy todavía muy importantes, un atentado realmente espantoso pero que no tenemos tiempo de explicar. 

Se logró crear un ambiente malsano entre la opinión pública, hasta que llegó un punto en el que la exclamación en los grandes medios de comunicación fue que había “salvar” a Telecom, que regalada era cara. Fue en ese ambiente en el que se consumó por fin la privatización. Nos dijeron que estábamos al borde de la peor de las catástrofes y que las pensiones se iban a perder, luego que había que vender la empresa a como diera lugar. Se quiso festinarla a Carlos Slim, pero por fortuna intervino la Contraloría y al gobierno le tocó recular. Es el momento en que se hace el debate en el Senado, porque el negocio era inaceptable. Y al final, un poco cansada, la opinión pública termina cediendo y la empresa queda en manos de Telefónica, de España, la encargada, se supone, de resolverle todos sus problemas. 

Los españoles incumplieron todos los compromisos 

Somos muchos los que hemos demostrado que la empresa se vendió a menos precio. Pero la teoría era que con tal de salir de ese encarte de los pensionados y que la nación no tuviera que volver a preocuparse de nada, que el negocio se hiciera, si era del caso regalando la empresa. Ese fue el ambiente político en que se desarrolló la privatización y la manera como se suscribieron los contratos. Le agregaron una carnada muy atractiva y es que mediante ese sistema de privatización –ya en ese momento la entidad se llamaba Coltel y no Telecom–, íbamos a entrar al nirvana de la telefonía celular. Se alcanzó incluso a redactar en el contrato una cláusula según la cual “se podría” incorporar el negocio móvil al portafolio de Coltel. Un “se podría” que por supuesto dejaba el hueco para que también “no se podría”, muy típico de los contratos de estos tiempos. Podrá hacerse tal cosa quiere decir en realidad que podrá no hacerse. Se puso por ahí una cierta clausulita estipulando que si la cosa no se hacía, los compradores tendrían que pagar una especie de multa o compensación. Lo cierto es que hoy Coltel no está en móviles, y eso es lo que nos están ofreciendo de nuevo, pero tampoco se pagó la compensación que había que pagar, porque apareció otra teoría y es que el incumplimiento se iba a compensar de otra manera. 

¿Cómo está hoy Coltel? Evidente, muy mal. Las cosas no salieron tal como Telefónica se lo ofreció a los colombianos y la prueba es que en este momento acumula una deuda de aproximadamente medio billón de pesos, digamos que con los pensionados, simplificando las cosas en términos populares. Pero para hacer mayor claridad, tampoco ha pagado el arrendamiento de los equipos por una suma del orden de medio billón de pesos. En resumen, la empresa no está cumpliendo con lo que se supone se comprometió a cumplir. 

Aparece una discusión que hay que mirar con detenimiento. Y es que hoy Telefónica nos está diciendo que como no cumplió, que hay darle más plata. Entonces uno no puede menos de preguntarse qué es lo que Colombia les va a premiar aquí. No solo les feriamos baratos todos los activos, como se les dieron en los arrendamientos y en las inversiones, sino que además hay que darles más plata en una suma bien grande. Y hay que dársela además sin que tampoco ahora nos garanticen cumplimiento. Nadie sabe qué va a pasar con la empresa más adelante. En el inconsciente colectivo quedó la idea de que estaban aseguradas las pensiones. Después se supo que no estaban aseguradas, y que si la empresa se quiebra, no se garantiza el pago de las pensiones. 

¿Imprevistos o manejos oscuros? 

Entonces surge la pregunta clave: qué fue lo que pasó, por qué no cumplieron. Hay tres posibilidades para explicar por qué a Coltel-Telefónica no le salieron las cosas como se las ofrecieron a la sociedad colombiana. Una, en el terreno completamente teórico, por imprevistos, eventos que ocurrieron y que nadie preveía, un poco la tesis que viene planteando la empresa. Pasaron cosas que no estaban en nuestros cálculos, lo sentimos mucho, y en adelante las vamos a mirar con más detenimiento. Pero es muy extraño que una empresa de este calibre no sea capaz de anticipar los hechos a corto plazo, cuando además el socio es el Estado colombiano, que a mi juicio ha organizado las normas para que a la empresa no le vaya mal. Segunda posibilidad, que sean errores, negligencia, simple incapacidad. Y tercera, que se le haya dado a la empresa un manejo que beneficia a Telefónica, pero no al Estado colombiano, o sea, que haya una lógica de descreme, sobre lo cual llamó la atención el doctor Felipe Zuleta en su columna de El Espectador, que fue de las primeras cosas que se dijeron. No sabemos qué pasó, particularmente no tengo claridad al respecto, aun cuando sigo abrigando severas dudas sobre la tesis de los imprevistos planteada por la empresa, el trillado fueque que fueque, y miren cómo estamos ahora. 

En el contrato de marras, Telefónica logró imponer además una prima de gestión, así llamada, una especie de prima de sabiduría, hoy vigente. Por un lado, Telefónica tiene derecho a ganar por el 52% de las acciones. Gana también por la gerencia, porque detenta todo el control y los ingresos que se generen de allí y de las posibilidades de contratar con sus subsidiarias y afiliadas. Lo tiene todo, pero además los colombianos le pagamos una prima de gestión, es decir, terminamos pagándoles por lo que saben sus gerentes. Estos últimos lograron separar lo que saben de sus propios sueldos, que se supone es una misma cosa. Soy de los que han dicho que si las cosas salen bien, cualquier gerencia puede ser aceptable, por costosa que sea. Pero si salen mal, hasta la gerencia peor paga, esa de salario mínimo, resulta ser discutible. Y no estamos hablando de poco dinero. Entre 2006 y 2009 son más de 200 mil millones de pesos que se le ha pagado a Telefónica, simplemente por el hecho de que sabe unas cosas que el Estado colombiano ignora. Pues si es así, los resultados están a la vista.

Posibles perjuicios para ETB y UNE-EPM

Hay una preocupación muy grande, y creo que cierta, de parte de otras empresas de telefonía, particularmente de UNE, y es que la solución que entre comillas se le termine dando a este lío resulte en detrimento de otros patrimonios públicos. Que por resolver entre comillas el problema del patrimonio público y el pasivo pensional en Coltel, la solución termine golpeando a UNE-EPM y a ETB, porque se termine configurando un descomunal monopolio, o un duopolio, que por un lado quede Comcel con un control inmenso del negocio de las telecomunicaciones y por otro quede Movistar. Porque la solución que nos están ofreciendo es que no solo les demos la plata, sino que además los autoricemos a asociarse con Movistar. O con alguna otra, pero todo indica que es en ese sentido.

Usted aquí, señor ministro de Hacienda, debe dar explicaciones al respecto. Qué va a pasar en este negocio con el resto del patrimonio público involucrado. Porque parte del problema es que el libre comercio no existe sino en los libros de texto y eso que en la primera página, porque en la segunda desaparece. Son tantas las normas, que de todo tiene el libre comercio menos de libre. Cualquier decisión que se toma, o favorece al uno, o favorece al otro. Entonces nos tiene usted que explicar si estas decisiones les van a solucionar a unos un problema, si es que lo solucionan, pero de carambola van a armarles a otros una serie de problemas aún más complicados.

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A propósito de la reforma a la justicia: Santos se ha dedicado a fortalecer aún más su poder. http://bit.ly/u016JK 

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