El país de la competitividad y la prosperidad

Francisco Torres, Bogotá, diciembre 20 de 2011.

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Con el agua al cuello, sin suministro de gas, sin carreteras, sin empleo, entre otras carencias, avanza rauda, según la propaganda santista, la nación colombiana por la vía de la competitividad, pavimentada por diversos Tratados de Libre Comercio. Da risa y rabia la desfachatez de aquellos que venden neologismos para evitar que la realidad pueda sacar la cabeza de las ciénagas inundadas y de los derrumbes arrasadores. 

Maldice Santos al fenómeno natural que nos trae las lluvias. Recuerda a otro gobernante, el Gran Rey, que mandó azotar al mar cuando no dejó pasar su ejército. Pero si la soberbia del persa era entendible en la ignorancia de hace veinticinco siglos, resulta ridícula la del presidente colombiano que pretende engañar a toda una nación injuriando a la Niña cuando debía aceptar que gobierna contra el desarrollo de su país y el bienestar de sus gobernados. 

Y su principal lugarteniente, el enfático Vargas Lleras, Ministro del Interior, en la vieja costumbre oligárquica de transferir las responsabilidades, confiesa lo que todos sabíamos por las reiteras quejas de los damnificados: que el monstruo privatizador llamado Colombia Humanitaria, engendrado por este gobierno dizque para acelerar las obras, no ha ejecutado sino el 30% de los dineros que el Estado le ha dado. De tal manera que el jupiterino ministro tiene que reconocer que: “las obras se quedaron inconclusas y hoy no tenemos explicaciones que dar”. Y tan fresco como el lechuguino de su jefe. 

En consecuencia, de competitividad, nada de nada: sin carreteras, sin ferrocarriles –los acabaron los gobiernos neoliberales-, sin investigación –no hay plata para eso-, sin educación pública gratuita y científica -¿para qué?, expresa la almibarada ministra de educación-, sin puertos y aeropuertos y, lo más decisivo, sin nada con que competir, porque el gobierno de Santos y el de Uribe y el de Pastrana, Samper y Gaviria y Barco se dedicaron y se dedican a acabar con la industria y agriculturas nacionales en tanto negocian con las limosnas que adjudican a los sectores devastados y para la muestra el botón de Agro Ingreso Seguro. 

Con lo cual queda al desnudo lo que significa la palabreja: la competitividad es para las multinacionales. Y agreguemos, en consecuencia: la prosperidad, para los capitales foráneos; la seguridad jurídica, para los que depredan los recursos naturales. 

Le queda al Gobierno el bálsamo de que la gran minería transnacional anda a galope desatado –ya se sabe que hablar de locomotoras en Colombia es un chiste hiriente- arrasando tierras, descuajando selvas, desertificando páramos, contaminando ríos y lagunas, oprimiendo y explotando hasta el extremo, ¡ah! y riéndose de las pobres leyes de este gran país humillado a ciencia y paciencia de sus gobernantes. 

Para que las pobrecitas empresas ganen más mete de contrabando en la ley la reducción de las regalías que deberían pagar sobre los recursos que se llevan, pero que no lo hacen ante la alcahueta e indiferente “vigilancia” de estos lagartos criollos que ante sus amos extranjeros apenas alcanzan a menear sus colitas de mascotas amaestradas. De todos modos ya se sabe: las grandes empresas casi no pagan impuestos. 

Como complemento de esa afamada competitividad está la “prosperidad para todos”, como dice la propaganda de Santos y de su Unidad Nacional. Y al que no le guste –la propaganda, naturalmente, porque la prosperidad sólo la ven los poderosos- ahí está la ley de seguridad para meter varios años en la cárcel al que se atreva a salir a una calle o carretera a protestar, no importa que lleve un año viendo su casa desmoronarse bajo el agua, no importa que no tenga trabajo, no importa que lo hayan reducido a habitar en cambuches en los campos petroleros. Y ahí está la reforma de la justicia para resucitar en todo su antiguo e inicuo esplendor la justicia penal militar para que los atropellos y desafueros de los miembros de las fuerzas militares queden cobijados por el manto protector de la complicidad. Bueno, prosperidad para congresistas y altos funcionarios del Estado que ya no van a tener –y temer- el juzgamiento de la Corte Suprema de Justicia. 

Pero, nos dirán, crece nuestra economía en el 5,8%. A pesar de lo que digan ustedes, los resentidos, se mueve la economía. Sí, la economía se mueve al compás de las gigantescas ganancias de las multinacionales y de los bancos. Nuestras, mal resabio este de decir “nuestras”, exportaciones crecen, pero son las exportaciones de ellos. No es sino mirar las salidas de carbón y petróleo y preguntarse quiénes son los dueños de los embarques. No es sino mirar las enormes remesas a sus casas matrices. No es sino mirar el pago de los leoninos intereses. 

Pero también prospera en los pueblos la idea y la práctica de luchar contra la política neoliberal del imperialismo y se compite con ardor por sobresalir en la defensa de la soberanía nacional. A tanto mal tanto remedio.

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