ARGENPRESS.info – Resumen de noticias del 07/03/2012‏

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)
 

La intervención militar en Irán para detener su desarrollo nuclear entra de lleno como tema en el proceso electoral para elegir el futuro presidente en Estados Unidos.

Israel considera indispensable esta opción para asegurar la paz antes que sea demasiado tarde. Esta postura cuenta con un considerable apoyo de los gobiernos conservadores de Europa mientras un renuente Barack Obama es presionado justo en un año electoral por si acaso da el brazo a torcer.
 
¿Qué es tarde o temprano en una elección para la que falta poco más de medio año?
 
Independientemente de la validez política o moral de la empresa, hay que reconocer que es una apuesta maestra, jugada en el límite y que de resultar estaríamos frente a otro milagro en la línea de la supervivencia israelita.
 
Este “destape” en el proceso eleccionario ha sido principalmente obra del lobby israelí en Estados Unidos, particularmente del AIPAC o Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos.
 
El 78% del voto judío en la elección presidencial de 2008 estuvo con Barack Obama y se considera que sin una adhesión similar por el efecto multiplicador de este voto, Obama corre el riesgo de un triunfo con margen muy estrecho a pesar del escaso carisma de sus contendores.
 
El conservadurismo estadounidense también necesitaba de un lamparazo mediático promoviendo una intervención militar reivindicando su pedigrí de política exterior belicosa.
 
Es en el espacio de ambigüedad entre la paz y la guerra, donde ambos líderes, Obama y Netanyahu que se encontraron en Washington esta semana, representan la moderación frente a las fuerzas extremas en ambas naciones que insisten en la opción militar.
 
“Para la paz haz la guerra”, es el antiquísimo aforismo que representa una escuela de pensamiento que no ha cedido honores.
 
Es así que la lectura de las decisiones que inciden en las acciones internacionales de los países se hace cada vez más compleja. En general, cuando una cuestión emerge como crítica el tema real es otro. Parte de esta complejidad responde a que los Estados no han reconstituido su rol de gobernar distendidos de la presión que significó operar bajo una cultura de guerra fría cuyo eje es la supremacía con respaldo del poder bélico y si es nuclear todavía mejor.
 
La dimensión de los efectos de esta forma de competir no se ha evaluado y el establishment decretó el fin de la guerra fría como si fuera otra tecnología más y no un elemento arraigado en el espacio amplio y liminal de la política. Las relaciones internacionales fueron objeto de esta distorsión y el conflicto entre Irán e Israel ilustra perfectamente ese clima de la cultura de la supremacía.
 
La política exterior como objeto de discusión estaba dormida en esta elección, con un énfasis en el empleo y la economía, mientras la inestabilidad en el mundo Árabe aparecía tímidamente.
 
Las energías se guardaban para la tensión Irán-Israel que de pronto comienza postergar temas como la guerra en Afganistán, el retiro de tropas en Irak y el conflicto palestino-israelí.
 
Estas tensiones han sido probadamente mucho más complejas y de alta ramificación política que el conflicto encasillado en el poderío bélico nuclear de Irán, que de todas formas encubre el tema principal: derrocar un régimen clerical autónomo que en lo esencial perturba la supremacía occidental.
 
A Barack Obama, aunque sea para ganar una elección, no le calza vestirse con ropa de guerrero y defrauda a muchos de sus seguidores. Su discurso sobre democracia y derechos humanos que utiliza para los casos de Siria e Irán, aparece como inconsistente al reafirmar una política que no abandona el eje imperialista de un sistema capitalista asustado por no resolver problemas como la pobreza.
 
En su áspera prosa del discurso reciente frente a la numerosa audiencia del AIPAC para aplacar los ánimos guerreros, el presidente Barack Obama sin embargo no puede evitar el margen ambivalente de la disyunción esencial: paz o guerra.
 
Intentó mostrar por una parte, credenciales de halcón de nuevo tipo post guerra fría clásica al no descartar la opción militar (con Irán) y por otra, recuperar el discurso que sedujo a muchos en el mundo al apuntar que “Los anuncios de guerra fortalecen las posiciones extremas en Irán”.
 
Esta frase podría ser la síntesis de la política exterior de Estados Unidos hacia Irán desde la instauración del gobierno clerical en 1979. El peso de esa frase demuestra lo equivocado de la política de la amenaza permanente, que no es más que guerra fría pura.
 
¿Cuál es el Obama de verdad? ¿El que queremos, o el que realmente no es? Esta historia la conocemos. La política es una al comentarla y otra muy diferente al hacerla.

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