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La paralización de transmilenio en bogotá


Diego Otero Prada, Bogotá, marzo 13 de 2012

El día viernes 9 de marzo se produjeron graves incidentes en Bogotá que inmovilizaron el transporte público de TRANSMILENIO, con daños importantes en buses y estaciones. Evidentemente ocurrieron actos vandálicos que son reprobables porque esta no es la forma de protestar, aunque las razones sean justas. 

Igual que pasó en Inglaterra y Francia, en que se produjeron desmanes en barrios marginales, aquí también la única explicación que da el alcalde Gustavo Petro es la de decir que se trataba simplemente de vándalos manejados por sus opositores, respuesta fácil para evitar analizar objetivamente que está pasando. 

Como en Inglaterra y Francia hubo alta participación de jóvenes, y, por supuesto, en todos estos actos siempre existe la posibilidad de que se mezclen elementos provenientes de la delincuencia común. 

El alcalde Petro, supuesto representante de una corriente progresista, ha respondido ante los hechos como lo haría cualquier derechista, como Cameron en Inglaterra y Sarkozy en Francia, representantes esclarecidos de la derecha europea. 

Hay varios puntos para observar. El sistema de transporte de TRANSMILENIO colapsó. Es un servicio pésimo de transporte, con tarifas altísimas, errores en el diseño y construcción de la infraestructura y sospechas de que los operadores se están lucrando más de lo debido. 

Los usuarios del sistema son estudiantes, empleados, trabajadores, amas de casa, la mayoría con ingresos reducidos y que tienen que soportar demoras e incomodidades. Existen, por lo tanto, razones muy objetivas para la protesta ciudadana que viene dándose desde hace varios años. 

¿Por qué los jóvenes destruyen y roban? ¿Simplemente porque son vándalos dirigidos por fuera? Hay claramente una rabia acumulada y muchas frustraciones de no ver resultados, como los jóvenes en Inglaterra y Francia. Sus reclamaciones y anhelos de lograr un mayor bienestar son justas. Las frustraciones generan violencia y más si los gobernantes son sordos y no actúan. 

Debemos entender qué ha pasado para encontrar soluciones. Fácil, pero tremendamente peligroso, echarle la culpa a otros, tratar de mafiosos a los que protestan y acusar a los rivales políticos. ¿Quien dijo que la izquierda no puede protestar por las injusticias? Por supuesto que entre los protestantes debían encontrarse jóvenes pertenecientes a movimientos de izquierda, ya que esta es la razón de ser de la izquierda, combatir la injusticia esté donde esté, y sea quien sea el gobernante. 

Alcalde Petro: Deje el retrovisor, olvídese del Polo, de Jorge Enrique Robledo, de Clara López, de Jaime Caicedo… Es hora de que comience a gobernar y a pensar en resolver los múltiples problemas de Bogotá, que no solamente vienen de la administración de Samuel Moreno sino de administraciones anteriores y de casi todos los gobiernos nacionales. 

Alcalde Petro: Usted está actuando como un derechista furibundo. Grave, que la ciudadanía crea que usted representa a la izquierda. ¿Quien es usted realmente? ¿Qué busca?

El estallido de Transmilenio


“Aurelio Suárez Montoya*, El Espectador, Bogotá, marzo 9 de 2012

En noviembre de 2010 publiqué una columna periodística en la cual, con cifras contundentes, señalaba que los modos de desplazamiento de los bogotanos, entre 2000 y 2010, habían cambiado en detrimento del transporte público. 

En efecto, el 15% de las personas se mueven a diario por medio humano, a pie o en bicicleta. Un porcentaje igual se desplaza en vehículo particular, y en números absolutos disminuye quienes usan el transporte público, incluyendo Transmilenio, buses, microbuses y busetas. Igualmente, se acrecentó la presencia de motocicletas en las vías. 

Estos datos demuestran que Transmilenio tuvo un doble fracaso: para los más pobres, resultó demasiado costoso, y para los más pudientes, poco atractivo. Sus pasajeros son principalmente de clase media. 

¿Cuáles son las causas del fiasco? En los últimos quince meses, distintas fuentes, entre ellas fallos del Consejo de Estado y del Tribunal Administrativo de Cundinamarca y opiniones de diferentes corrientes, han coincidido con mi diagnóstico y han señalado un conjunto de reparos que, al final, conducen a fallas estructurales que exigen una transformación total de este sistema y también de la concepción de la movilidad en Bogotá. 

Los principales errores anotados podrían resumirse en los siguientes: 1) costosa tarifa, de las más altas de América Latina, que a los hogares de ingresos medios y bajos les significa, en algunos casos, más del 15% de sus ingresos y que ha subido en diez años cerca del 20% sobre la inflación; 2) pésimo servicio, relacionado con baja frecuencia en las rutas y altísimo nivel de hacinamiento en los buses, y 3) muy desigual distribución de los ingresos del sistema que afecta las finanzas del Distrito, responsable de cubrir los gastos de mantenimiento de las vías (incluida la reparación de losas), seguridad, comunicaciones y gestión, todo por apenas el 5% del recaudo total. Las causas de estas falencias se remiten a la estructura básica del contrato de concesión por el cual se entregó a un puñado de empresas privadas el uso exclusivo de las troncales. 

Lo anterior no es nuevo. Desde hace más de siete años se viene sembrando inconformidad hacia el sistema. En marzo de 2004, Antonio Navarro Wolff, entonces senador y presidente del PDI, denunció en el Congreso que “se concentró la propiedad en nueve particulares y en sus familias el 85% de la operación de Transmilenio; se realizaron maniobras fraudulentas para marginar a los pequeños transportadores y se terminó financiando con dineros del Distrito a unos pocos inversionistas ricos”. En 2007, Eduardo Sarmiento advirtió: “El error estructural se ha pretendido subsanar con medidas administrativas”. 

La población también se ha manifestado. En 2010 hubo más de 200 bloqueos y en 2011 continuaron. La causa de las protestas está expuesta. El alcalde, Gustavo Petro, quien ha venido sindicando a operadores, concejales y partidos políticos de izquierda de ser los promotores de las movilizaciones de los usuarios, debe, primeramente, combatir los males de raíz. Su procedimiento, por ahora, es igual al expediente tradicional de atribuir la indignación social a la labor de “agitadores”. 

* Miembro del Polo Democrático y excandidato a la Alcaldía de Bogotá.

Cantamos a su valor y firmeza


Francisco Torres, Secretario de Prensa Asedar Arauca, marzo 4 de 2012

Cuando se anunciaba la primavera de 1911, en Nueva York, inminente capital financiera del mundo y sede del poder económico del imperialismo norteamericano, las jóvenes trabajadoras huelguistas de Triangle Shirwaist, no podían saber las trágicas consecuencias que las medidas de sus patronos iban a traer, convirtiendo en una trampa la fábrica, donde ciento cuarenta de ellas morirían calcinadas. 

Del horror de esa pira humeante saldría más fuerza de la que tenían sus cansadas manos, más futuro del que imaginaron en el más soleado de sus días y más belleza que la que apreciaron en sus cortas vidas pasadas en la inmigración y el desamparo. 

Sin títulos y sin mayor instrucción, las mujeres, no obstante, tuvieron la verdad de su instinto de trabajadoras. En las más difíciles condiciones, proponiendo la más desigual de las luchas, actuaron con certeza y valor. Su camino, apenas intuido, se extendía. Luise Zietz, apoyada por Clara Zetkin -maestra de los trabajadores alemanes- propuso una jornada de lucha por sus derechos. 

La mujer despertaba de miles de años de subyugación. Y lo hacía en las grandes batallas de la clase obrera. Las poderosas fuerzas que la colocaban en el panorama de las grandes decisiones transformaban al mundo: triunfaba la revolución en Rusia y el 8 de marzo de 1917, en una de sus primeras decisiones, le concedía el derecho a votar. 

Hoy, la mujer tiene garantizados en el papel muchos derechos y en los hechos, vulnerados la mayoría de ellos. La redoblada opresión que ejercen las grandes potencias sobre los pueblos del mundo la tiene a ella entre sus primeras víctimas: negado su derecho a una educación pública científica y gratuita; negada la salud; negada la posibilidad de trabajar; negado un salario decente; negada la soberanía para la nación que habita y ama. 

Pero ella, en medio de tantas negaciones, se afirma, avanza en su difícil sendero siendo día a día más fuerte y más valiente y teniendo como compañera permanente la alegría. 

Conmemoramos sus luchas y cantamos a su valor y firmeza, soñando un nuevo mundo, sólo posible de su mano.

Programa radial de Tribuna Magisterial, febrero 12 de 2012


Bogotá, febrero 12 de 2012 

El programa Tribuna Magisterial del 12 de febrero se inició con la nota editorial “Nuevos Maestros, Viejos Tormentos” de Francisco Torres; a continuación María Antonieta Cano hizo un análisis de la “jornada extendida” impulsada por el Ministerio de Educación Nacional y aplicada por la Secretaría de Educación de Bogotá . Francisco Torres, dirigente sindical del magisterio araucano habló sobre las dificultades y vicisitudes que padecen los docentes del 1278 para conseguir un ascenso en el escalafón. Álvaro Morales dio un informe sobre las conclusiones de la Junta Nacional de Fecode realizada el día anterior. El presidente del Sindicato de Maestros de Casanare, Vladimir Maiguel, hizo una denuncia acerca de las difíciles condiciones que se viven en la educación de ese departamento después del recorte de las regalías petroleras impuesto por el gobierno nacional. 

En su entrevista semanal el senador Jorge Enrique Robledo habló extensamente sobre el tema de la restitución de tierras a las víctimas de la violencia y la demagogia que el presidente Santos ha hecho alrededor de este tema, habló sobre el impacto del TLC con Corea en el agro colombiano y sobre la postura del Polo frente a la candidatura de Angelino Garzón a la Dirección de la OIT. Enrique Daza, Secretario de la Alianza Social Continental, habló sobre la Cumbre de Presidentes de las Américas que se realizará en abril en Cartagena y sobre la Cumbre Social Alternativa. Finalmente, Mario Valencia, vocero de Reclame, denunció los atropellos del gobierno y la policía contra los pequeños mineros en Norosí (Bolívar). 

Para escuchar el audio completo de este programa haga clic en el siguiente vínculo: 

http://moir.org.co/IMG/mp3/tribmag1_feb12_12.mp3

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Como el aire y el sol

Francisco Torres, Secretario de Prensa de Asedar, Arauca, febrero 12 de 2012

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Como se ha puesto de actualidad -en buena hora- la lucha por la Educación Pública, y como han llovido rayos y centellas desde el Gobierno, los gremios e ilustres intelectuales neoliberales contra quienes tienen el atrevimiento de defenderla, toca recordar que la pretensión que mueve a los jóvenes -y a los maestros- no es fruto de la ignorancia –como soberbiamente afirmó la Ministra de Educación- ni de un radicalismo utópico –como sibilinamente dogmatizan a la par burócratas y columnistas-, sino que hace parte de acendradas tradiciones de progreso que se pusieron en el centro del batallar contra el oscurantismo cultural y el atraso económico feudal, y del cual renegaron tempranamente en Colombia aquellos que dicen ser los adalides de su desarrollo. 

En suma, hablamos de un debate que lleva tiempo –se cuenta por siglos- y que, en general, en aquellos países que supieron ponerse al frente del avance de la humanidad en cuanto a conocimiento, cultura y desarrollo se inclinó en los hechos y la teoría por una educación pública que se sirve y sirve a la ciencia, y a los intereses de cada nación. Por lo menos, hasta que en las últimas décadas se puso en boga el neo liberalismo. 

En Colombia, en el estilo inconfundible de la oligarquía de madrugar a aplicar todo lo que sea malo para el país, la cruzada por destruir la educación pública negándole los recursos, aplastando cualquier atisbo de autonomía y convirtiendo el conocimiento en un mamarracho de sí mismo, lleva ventajas sobradas. Los esfuerzos que se hicieron desde Santander y los Radicales han sido perseguidos con saña ideológica y contumacia bélica. Ni se diga de las batallas que en las últimas décadas han levantado FECODE, a la cabeza de los maestros, y los jóvenes universitarios. 

Por eso, hoy, cuando el Fondo Monetario Internacional, La Casa Blanca y La Unión Europea tocan a degüello planetario contra la educación pública y, naturalmente, sus lacayos en Colombia se ponen a punto para la sarracina –más cuando ya se casaron con ella en el TLC- es, más que oportuno, imprescindible, para defender la educación, poner a punto las herramientas ideológicas y políticas que han desarrollado los sectores democráticos y populares. Principalmente, las diez tesis del movimiento pedagógico -impulsado por FECODE- y que siguen incólumes en su vigencia. Hagamos, a riesgo de esquematismo, una síntesis de ellas: 

1. Sirvieron de base a la batalla que culminó en la Ley General de Educación y en la oposición a la contrarreforma neoliberal que se desató cuando todavía no se había secado la tinta de ella.

2. Establecen dos ejes: la relación del maestro con la pedagogía, la enseñanza, el conocimiento y la cultura; y la defensa de la educación pública.

3. Aclaran que la tarea fundamental es la enseñanza, por lo cual se debe elaborar por los educadores un Plan Nacional de Estudios en el marco de la autonomía educativa.

4. Definen que la Educación Pública, para serlo, debe ser: financiada íntegramente por el Estado, gratuita, accesible e igual para todos y sin discriminación.

5. Señalan los elementos esenciales de la Ley General de Educación: aumento progresivo de recursos, financiación completa, autonomía escolar y territorial, pre escolar de tres años, educación media técnica, fines y objetivos específicos.

6. Plantean involucrar en su lucha a los padres de familia y a las universidades públicas.

7. Orientan la relación con los intelectuales para trabajar la pedagogía y defender la Educación Pública.

8. Desarrollan y reflejan la conciencia de los maestros sobre la problemática del país.

9. Rechazan enfáticamente la política de convertir a la escuela en empresa, a la educación en mercancía, al rector en gerente y al maestro en instrumento de la gestión empresarial.

10. Impulsan la revista Educación y Cultura para defender la Educación Pública, mejorar permanentemente la educación, formar conciencia de los maestros y expresar su pensamiento y creatividad. 

Como una luz potente y permanente atraviesan las tesis planteamientos centrales: Educación Pública científica, con autonomía y financiada plenamente por parte del Estado. Y nos hacen recordar viejas y sabias palabras: 

Quería que fuese (la educación) gratuita y obligatoria,

multiplicada bajo todas las formas, prodigada a todos

como el aire y el sol, en una palabra, al pueblo entero… 

Palabras que surgen, no como podría suponerse, de la conversación de unos muchachos sin futuro o de unos maestros sin presente de este siglo XXI en Colombia, Chile, España o Estados Unidos, sino de Marius y Jean Valjean en Los Miserables, la monumental obra de Víctor Hugo, publicada en 1862.

“Revolución agrícola de Santos”: ¿mucho ruido y pocas nueces?


Aurelio Suárez Montoya, Bogotá 7 de febrero de 2012

Nadie discute la justeza de reparar a las víctimas y restituirles sus patrimonios. Es obligación del Estado colombiano, derivada de tratados internacionales y además de la sentencia T-025 de 2004 de la Corte Constitucional. De no acatarse la atención integral a las víctimas, Colombia quedaría en el concierto mundial en estimación inferior a Ruanda o Sudáfrica. 

Dado lo anterior, declarar que iniciativas políticas de reparación son “revolucionarias” fuera de viveza politiquera es perseguir inmunidad a cualquier crítica surgida por las deficiencias que puedan tener. Las respuestas dadas al senador Jorge Robledo, a Daniel Samper y a María Teresa Ronderos, quienes demandan del Ministerio de Agricultura claridad sobre las cifras y verdaderos alcances de la restitución, además del tono pugnaz, se volvieron un enredo que Juan Camilo Restrepo, pudo destrabar, recientemente, al afirmar que una cosa es formalización, como se hizo en la hacienda Las Catas, y otra, distinta, es restitución. 

Es insatisfactoria la meta de 2.100 predios rehabilitados para 2012, que no serían más del 0,6% del total y que proyectaría hasta por más de 50 años el barrido de los 350 mil predios. Y eso que el cálculo inicial de 4 millones de hectáreas despojadas volviose, por arte de birlibirloque, en la mitad. El cálculo ministerial incluso puede ser optimista si se tiene en cuenta que a cada uno de los 134 despachos judiciales especiales, en un promedio aritmético simple, le corresponderían 2.611 casos, uno diario durante diez años de vigencia de la Ley. Estaríamos en un típico “saludo a la bandera”. Esto sin contemplar los casos con objeción de “tenedores de buena fe”, que irían a los magistrados de la circunscripción. Cálculos oficiales estiman en 60 mil los posibles litigios, lo que para cada una de las 60 magistraturas, implicaría atender 100 pleitos por año. El que los decretos reglamentarios dejaran en manos del Estado la prueba de posesión de las víctimas, desechando la inversión de la carga por parte del “ocupante secundario”, menoscabando los legítimos propietarios y violando los principios Pinheiro del manual de la ONU, podría terminar consolidando una “contra-reforma agraria”. 

Estudios de Ibáñez indican que el 50% de los desplazados no retornarían y con el paso del tiempo este porcentaje puede ser menor y peor todavía si los esperan a sangre y fuego. Con este panorama, la nueva distribución de la tierra, con un catastro saneado, podría ser aún más inicua. 

Así pasó con las parcelaciones entre 1926 y 1940, cuando se favoreció escasamente al 2% de los propietarios o en la colonización antioqueña cuando apenas el 17% fue para los colonos, lo que Alejandro López llamó, “la lucha entre el hacha y el papel sellado”.

Economía política del TLC con Corea


Economía política del TLC con Corea

Aurelio Suárez Montoya, Bogotá, febrero 1 de 2012

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Los neoliberales insisten en que el “libre comercio” actual resulta del mercado de capitales y de la ventaja comparativa para el intercambio de mercancías. No obstante, las propias autoridades estadounidenses han resaltado que el “libre comercio también afecta la seguridad de nuestra nación” (USTR 2001, Annual Report). 

No es nuevo. En la segunda pos-guerra, aliados “no comunistas”, como Taiwán y Corea, recibieron trato especial para “resguardarlos de la tentación del comunismo” (Dugger, 2008). Se les suministró capital subsidiado, fomento para sustituir importaciones y acceso comercial especial (Suárez, 2009). Eisenhower declaró que “los sacrificios del pueblo estadounidense en la causa de la libertad…desde el cierre de la Segunda Guerra Mundial, se mide en miles de millones de dólares” y, en 1954, firmó un tratado de seguridad y defensa mutua, por el cual aún permanecen 30 mil soldados norteamericanos en Corea, su relación es estratégica. 

Las relaciones militares tienen fundamento económico. Entre 1994 y 2010, la inversión norteamericana en Corea pasó de 4.334 millones de dólares a 30.165, casi 50% de ellos en manufactura; también en instituciones financieras, seguros y comercio mayorista. El intercambio anual es de 80 mil millones y la inversión coreana en suelo americano es 15 mil millones, principalmente en comercio mayorista. En 2007 sellaron un TLC, ya aprobado. 

El crecimiento de Corea se basó en el apoyo estatal a los chaebol, conglomerados familiares-industriales que abarcan desde comunicación satelital y equipo electrónico, energía solar y eólica, barcos, maquinaria e instalaciones industriales y siderurgia hasta bienes de consumo final, como automóviles y electrodomésticos. Hyundai, Samsung, LG, Daewoo y Kumho, están entre los principales. 

Industria compleja, salarios competitivos y mano de obra calificada, con jornada industrial laboral de 47,4 horas/semana, la mayor entre las economías principales del mundo (www.salaries.org). Sin embargo, la revista The Economist de noviembre 12 de 2011 advirtió sobre el eventual agotamiento del modelo coreano y sus implicaciones, que ya no es país en desarrollo, que debe competir con los grandes, que “necesita algo nuevo para sostener su crecimiento” y que la tasa anual de inversión bajó del 30% del PIB a mediados de los noventa a 17% en 2010. Preocupa igualmente la concentración en su economía, en desmedro de los pequeños negocios. 

Corea del Sur, duodécima economía mundial, es asociado principal de Estados Unidos en Asia-Pacífico. Firmas como Chevron, JP Morgan, Cargill, Caterpillar y Boeing han sentado allí sus reales. El TLC con Colombia, les brinda mayores espacios, refuerza al socio predilecto que nos propinará un “golpe peor que el de la apertura y el TLC con USA” (Sarmiento, 2012). El círculo reforzará la especialización colombiana en minería e hidrocarburos y, así, esta colonia inferior también le cotiza al “aliado estratégico”.

Unidad nacional en contra del TLC con Corea (Parte 1/2)


Unidad nacional en contra del TLC con Corea (Parte 1/2)

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo, en representación del Polo Democrático Alternativo, en el acto en el foro Los riesgos del TLC con Corea, Bogotá, 27 de enero de 2012

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Corea, un competidor feroz por su alta productividad y bajos salarios. La industria va a ser severamente golpeada. Pérdidas también en el empleo. Bienvenida la inversión extranjera, si es beneficiosa para el desarrollo del país. Nada sustituye a la industria, dice Eduardo Sarmiento. No va a haber exportaciones agropecuarias a Corea y aún menos de carne. Se está ante una coalición de empresarios y trabajadores sin antecedentes. Cada avance importante de la industria coreana fue una decisión acordada por la sociedad coreana y por su Estado. Definir qué país queremos, si un país de primera línea o un país de pacotilla. Construir un sueño de unidad nacional. 

Un saludo muy especial a todos ustedes, a los senadores Velasco y Bennedeti, con quienes me agrada compartir esta mañana. Por el camino debe venir el doctor Carlos Amaya, representante a la Cámara del Partido Verde, quien también respalda a la Coalición. A toda la dirección de la Coalición no al TLC con Corea, mis saludos muy especiales. 

A estas alturas del debate ha quedado ya demostrado hasta la saciedad que Colombia no está en condiciones de competir con Corea. Corea es una potencia industrial, uno de los primeros países industriales del mundo. Eduardo Sarmiento hizo hoy una frase síntesis que, a mi juicio, deberíamos todos aprendérnosla de memoria. Se la comenté al senador Velasco, él la mencionó, también yo, y explica el fondo de por qué no somos competitivos con ellos en la industria y por qué si nos sometemos a la competencia vamos a ser derrotados. Como lo acaba de señalar Eduardo Sarmiento, ellos exhiben una productividad parecida a la norteamericana, de primera línea en el mundo. En buena medida se lo da su volumen de producción. Por ejemplo, producen 4,5 millones de vehículos, mientras que Colombia solo ensambla 180 mil. Entonces, la cantidad de riqueza creada por un trabajador en una hora es altísima, mientras que Colombia tiene una productividad del trabajo menor. Y en las cosas en que se defienden en la competencia global los países poco industrializados, los bajos salarios, resulta que en Corea, así sean salarios superiores a los nuestros, son bastante más bajos que los norteamericanos. 

Entonces, cuando se junta en el adversario un nivel tan alto de productividad del trabajo con salarios relativamente bajos, lo que se monta es un competidor miedoso, con consecuencias nefastas para la industria nacional. No solo para la automotriz y la de autopartes, en eso hay una manipulación que están haciendo los partidarios del TLC con Corea. No, perjudicará a toda la industria, de mediano desarrollo tecnológico, como bien lo explicó Eduardo Sarmiento. La de alto no, pero es porque no la tenemos, pero la de mediano desarrollo, la automotriz, de autopartes, de electrodomésticos, la química, la de plásticos, etc., toda esa industria va a ser severamente golpeada por el Tratado. 

Severamente golpeada ¿qué quiere decir? Que va a haber pérdidas en todos esos sectores, pérdidas en empresas grandes, medianas y pequeñas, que incluso podrían desaparecer. Quiero aquí enfatizar en que la industria genera una inmensa cantidad de encadenamientos que resultan afectados cuando se quiebran unos, puesto que se terminan quebrando muchos otros. Y al final y lo que es en la práctica más grave, se produce una pérdida de empleo industrial y de salarios para los trabajadores tremendamente dañina. Estoy hablando de empleos formales, normalmente mejor remunerados, porque la industria, por el hecho de tener una mayor productividad del trabajo, puede pagar salarios superiores. Un país que se especialice, por ejemplo, en coger el café grano por grano o echar pica y pala, no podrá ofrecerle a su pueblo condiciones salariales importantes. 

¿Los TLC traen empleo? 

Los amigos del TLC, dedicados a hacer demagogia, han resaltado mucho que se van a generar no sé cuántos empleos en el comercio de importación, y claro. Pero se les olvida que la producción interna genera los mismos empleos en el comercio, más los empleos de la producción. No nos vengan entonces con necedades a intentar engatusarnos cuando no tienen razón. Y se les ha ocurrido, a estos que no tienen ninguna consideración por el interés nacional, hacer ahora distinciones. ¡Se les alborotó el patriotismo! Y sindican a las ensambladoras que funcionan en el país y a algunas empresas de otros sectores que van a ser afectadas negativamente de ser del capital extranjero. Y efectivamente, va a haber empresas afectadas que son del capital extranjero, pero uno tendría que ser un cretino para aplaudir que en Colombia se cierren empresas, así sean del capital extranjero. 

Aquí hay un punto de deslinde con estos personajes. Quienes estamos en esta causa de No al TLC con Corea y contra otros TLC, como es mi caso, nunca nos hemos opuesto a que en Colombia haya inversión extranjera. Lo que hemos dicho es que cuándo, cómo y con qué características, y si es beneficiosa para el desarrollo del país, pues bienvenida. Yo sí prefiero que se ensamblen en Colombia automotores y otros bienes de tipo industrial a que se importen. Que no nos vengan con falsos nacionalismos a defender el aplastamiento de las empresas que operan en Colombia, así sean empresas del capital extranjero, porque no le conviene para nada al interés de la nación. Luego no nos vengan acá con argumentos deleznables. 

Nada sustituye a la industria 

Nos han dicho también que no importa que se pierda la industria. Los que abogan por los TLC no se atreven a afirmar que no le va a pasar nada la industria. Son manipuladores, pero no tanto. Entonces han sacado otro cuento. Que lo que perdamos en la industria lo vamos a ganar en el sector agropecuario. Hay que repetir aquí, y otra vez Eduardo Sarmiento actúa como maestro, pues si alguien ha jugado un papel importante en Colombia para aclarar estos asuntos de fondo ha sido él, que nada sustituye a la industria. Un país de las condiciones de Colombia sin desarrollo industrial estará condenado para siempre al subdesarrollo, ¡para siempre! Eso está en las primeras páginas de cualquier libro medianamente serio de economía. Si en Colombia no se practica esta política es porque hay otros intereses que no son los intereses nacionales. 

Quienes quieren acabar la industria también aducen alegremente que vamos a tener bienes industriales más baratos. Y evidentemente, la globalización genera en muchos países bienes más baratos. Pero es que lo único en la vida de un país no es tener cosas baratas. Colombia puede estar llena de cosas baratas, pero los colombianos estamos ñatos de tener las narices pegadas en las vitrinas y de no poder comprar nada de lo que hay adentro, barato e importado de esos países, porque se ha destruido el empleo nacional. 

La importancia de la industria ha sido demostrada por los países que han tenido éxito, entre ellos Corea, que defienden el agro, no solo por razones de seguridad alimentaria, porque uno debe hacer esfuerzos por producir su dieta básica, sino también por defender su industria. Estados Unidos y Europa subsidian el agro con cifras del orden de 80.000 millones de dólares. Estos neoliberales nativos, tan rústicos a la hora de argumentar, probablemente digan que son bobos en Estados Unidos, Europa, Japón, Corea y todo el mundo por subsidiar el agro. ¿Por qué lo hacen? Para no ser sometidos a las extorsiones que puedan imponerles las trasnacionales del comercio de alimentos de otros países. Pero esto guarda otro secreto. Es que cuando subsidian su agro, están subsidiando su industria. No puede haber una industria automotriz poderosa en Estados Unidos si no hay producción agropecuaria. No puede haber industria metalmecánica, ni de autopartes, ni petroquímica, ni química, ni las industrias del futuro, la genética y la biotecnología, que son desarrollo industrial, además de desarrollo agrario. Y estas, que son realidades que se pueden demostrar hasta la saciedad, no nos las van a embolatar. Digamos aquí otra cosa. Esos países industrialmente desarrollados son países donde la industria es subsidiada de todas las maneras. Aquí ya se contó el caso de la Boeing y de la industria aeroespacial europea. Ninguna de ellas, ni la Boeing de Estados Unidos, ni Airbus de los europeos, existiría sin los inmensos subsidios que les brinda el Estado. 

¿Le vamos a exportar productos agropecuarios? 

Nos han estado también insistiendo en que sí va a haber exportaciones agrarias. Ya he dicho que no remplazarían las pérdidas industriales, ¿pero sí va a haber de verdad exportaciones de productos agropecuarios? No, tampoco. Son cuentos. Aquí ya Luis Fernando Velasco lo dijo con claridad. Colombia hoy exporta a Corea café, carbón y chatarra metálica, en parte porque no hay desarrollo industrial. Si lo tuviéramos, no estaríamos exportando la chatarra sino que la estaríamos transformando internamente para generar más industria. Y para exportar carbón, café y chatarra no se necesita TLC con Corea. Ese país es importante importador de productos agrarios, es verdad; su territorio no le alcanza para producir todo lo que pueden consumir, pero Corea es fuerte productor de bienes agropecuarios. Allí hubo una transformación agraria profundísima después de la guerra para asegurarse de que las tierras se dedicaran a la producción y no a la especulación inmobiliaria y hoy son fuertes productores, pero además hay realidades que nos hacen imposible tener éxito como competidores. 

Primero. Los primeros vendedores de productos agrarios a Corea son nada menos que China, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, la gran potencia agrícola del mundo. Les voy a dar un detalle interesante, porque ahí hay debate. Hace unos días se hizo un evento en Barranquilla, al que se llamó Seminario Internacional del Sector Cárnico Bovino, enfocado a ver cómo se exportaba a Corea y a cualquier parte. En ese evento estuvo el doctor Gustavo Castro Guerrero, exministro de Agricultura y una de las personas que más saben del tema. Él me dio, y con su autorización las mencionó aquí, las notas que tomó en el evento y qué fue lo que se discutió y qué fue lo que se aclaró. Lo primero que nos dice, y ya lo aclaró aquí Armando Benedetti, es que Colombia ha hecho acuerdos con 42 países en los últimos años, algunos tipo TLC y otros no, porque no todo acuerdo internacional es un TLC, y aprovecho para aclarar de paso que yo no me opongo a que haya acuerdos internacionales, no estamos por el aislamiento de Colombia, sino a los TLC, una forma específica de acuerdo comercial. Pues bien, 42 acuerdos de distinto tipo ha hecho Colombia en los últimos años y afirma Gustavo Castro Guerrero que en razón de esos acuerdos no hemos exportado ni un litro de leche ni una libra de carne a ninguno de los 42 países. Esto es bueno que se sepa. 

En el evento se examinaron las posibilidades de exportar carne de Colombia a Corea, porque se habla que vamos a haber grandes exportaciones de carne. Al señor Richard Brown, director de un centro de consultoría supremamente importante en Inglaterra, se le preguntó qué posibilidades había y contestó, textualmente, entre comillas: “Corea es muy sensible, muy sensible, muy sensible a las enfermedades”. Lo repitió tres veces. Y Colombia es un país con problemas de enfermedades en el sector de la ganadería, de aftosa y de otros tipos. Y agregó que en el caso de Estados Unidos, que tiene problemas con la enfermedad de las vacas locas, los coreanos se echaron siete años en lograr algún acuerdo con Estados Unidos y pusieron exigencias de edad de los vacunos supremamente altas para impedir en la práctica que Estados Unidos pudiera entrarles a su arbitrio. Hubo todo un control en ese sentido. 

Estuvo también el señor Javier Martínez del Valle, argentino, director de la Asociación de Productores Exportadores de Argentina, y le preguntaron por qué Argentina no le exporta carne a Corea, y ustedes todos saben que Argentina es un gran productor y exportador de carne. Dijo: “No existe precedente de un país con vacunación contra aftosa que pueda exportar a ese país”. Colombia es libre de aftosa pero por vacunación. Y agregó: “Argentina ni lo intenta” (venderle carne a Corea). Y le preguntaron también a una señora Juliana Salles, del BID, experta en comercio internacional, sobre las posibilidades de exportar y la señora reveló: “Se dice –no existen pruebas– que Estados Unidos tiene un convenio de exclusividad con el mercado de carnes de Corea”. O sea, un acuerdo por debajo de la mesa para reservarle ese mercado a Estados Unidos. Porque, digamos otra cosa, y es que el libre comercio de libre no tiene nada, y no es solo comercio. Pero además está lleno de acuerdos secretos, de pactos, de maniobras, de trapisondas, de trucos, dependiendo de los intereses nacionales de cada país. Entonces que no nos digan que Colombia va a inundar el mercado coreano de bienes agropecuarios, aun si los tuviera, porque, también digámoslo con franqueza, Colombia no cuenta con producción cárnica para exportarle en grande ni a Corea ni a nadie, cosa que no me alegra, pero que es la realidad.

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